Un parto empoderado. Démian

Desde que supimos que Démian se formaba dentro de mi, decidimos que mi instinto sería nuestra guía. Después haber pasado por una primer ginecóloga, haber cambiado a la segunda, conocimos a Iliana García (doula) y a Centro Nantli por medio de dos amigos, gracias a toda la información que recibimos en el curso de preparación al parto y a su trato tan humano, decidimos que Démian vendría a este mundo con la ayuda de una partera y una doula, a la segunda ya la teníamos, Ili; quien nos dio el nombre de tres parteras. Hicimos cita con una, pero la verdad no me gustó nada. Hicimos cita con la segunda, Saskia Vargas e intenté hacer una cita con las terceras, pero algo me decía que Saskia era la indicada, y así fue. Tras una entrevista en la sala de nuestra casa, decidí junto con mi pareja Marco Antonio que Saskia sería quién nos ayudaría a que Démian llegara a este mundo, esto fue alrededor de la semana 26. Saskia nos enseñó a sentir a Démian, cada mes ella me tocaba y nos decía, esta es su cadera, acá una piernita, allá un bracito, escuchábamos su corazón.

Era viernes quince de noviembre de dos mil trece, a dos días de cumplir la semana treinta y nueve, seis de la mañana aproximadamente, me despertó un cólico muy fuerte, corrí al baño y al levantarme volteé a mirar, me espanté y fui a decirle a Marco, fue agitado a asomarse y me dijo -es el tapón mucoso-, le hablamos a Saskia y le contamos, ella nos confirmó que así era e inmediatamente después nos dijo -a partir de este momento, Démian puede llegar en cualquier momento, pero ustedes tranquilos, me van contando cualquier cosa que consideren importante- yo ya no podía caminar, era una bola inmensa y desde ese momento comencé a sentirme incómoda. No quise salir de casa, Marco se fue a trabajar y regreso a la hora indicada para comer y con comida, le dije que no quería salir para nada, por la noche decidí bañarme, le hablé y le dije, vamos a cenar fuera y él acepto, cené como si no hubiera mañana y entre risas y recuerdos le dije -amor, esta es nuestra última cena de solteros y quiero disfrutarla al máximo- y así fue. Regresamos a casa y dormimos perfecto.

Al día siguiente yo seguía muy incómoda, Marco trabajó, así que yo estaba sola, por la tarde le llame y le dije que quería salir a comer, él aun no terminaba de trabajar así que acordamos que me avisaría para acercarme, pero eso ya no sucedió, cuando llegó a casa con comida, ya estaba más incómoda, comimos y nos acostamos en la sala, el se durmió en mis piernas, de pronto me vino a la mente -¡oh no! Faltan los pañales de adulto que nos había pedido Saskia y la pelota que nos dijo Ili, en ese momento lo desperté, eran las nueve de la noche aproximadamente y le pedí que fuera por las cosas, él dijo -mañana voy- yo le dije -no, tiene que ser ahora- salió volando en la bici por las cosas. Cuando regresó yo ya me sentía mal, él comenzó a informarle a Saskia e Ili de todo lo que pasaba por whatsapp, mientras yo comenzaba el viaje sin darme cuenta, pues esperaba dolores insoportables y sufrimiento total, lo cual no pasó. A partir de ese momento perdí la noción del tiempo, entré en estado de oxitocina total, me dejé llevar por lo que mi cuerpo pedía, por lo tanto no recuerdo mucho de lo sucedido, pero relataré todo lo que sí recuerdo.

Marco llamó a Saskia y ella le dijo que nos metiéramos a bañar para que me relajara y eso hicimos, cuando salí me acosté y me perdí en el sueño, no sé cuanto tiempo pasó, de pronto una contracción me despertó, intenté acostarme de mil formas pero nada me acomodaba, así que decidí salir a la sala, uno de nuestros vecinos, nos colgó una cinta de una columna que hay en casa, de ella amarramos un rebozo y ahí me colgué para no sentir tanto dolor cada que venía una contracción, yo estaba muy cansada, decidí sentarme en la pelota mientras colgaba del rebozo, entonces así podía dormir entre contracción y contracción, Marco me preguntaba -¿ya quieres que vengan? ¿Ya quieres que vengan?- y yo decía -no-, porque el acuerdo era que ellas vendrían cuando nosotros lo pidiéramos. Entonces él decidió acostarse en el piso frente a mi para dormir, pues le daba miedo que me cayera y si eso sucedía, estaría ahí para cacharme, cada que venía una contracción despertaba y para calmar el dolor hacía sonidos guturales y me movía en círculos sobre la pelota hasta que me volvía a dormir. Nuevamente no sé cuánto tiempo pasó, de pronto decidí pararme y comencé a caminar por la sala, era de madrugada, hacía un poco de frío, Marco me intentaba tapar, cuidar, proteger, a mi me molestaba, cada que me tocaba sentía que la piel me ardía, hasta que decidí decirle de la manera menos grosera, porque lo amo y sabía que lo hacia para cuidarme -Marco, no me toques, yo sé que me quieres ayudar pero por favor no me toques, si me quieres ayudar, quédate ahí viéndome-, él sabía que era mi momento, gracias a nuestra preparación para el parto, lo entendió muy bien y no se me volvió a acercar, sólo me veía y les escribía. Yo caminaba por la sala, cuando venía una contracción me detenía y «cantaba» para aminorar el dolor. De pronto sentí ganas de pujar y en ese momento le dije a Marco -¡ya quiero que vengan! Inmediatamente le llamó a Saskia y a Iliana y les pidió que vinieran, ambas estaban a minutos de nuestra casa. Yo sentía que se me venían las ganas de pujar y entonces por primera vez en 39 semanas, le hablé a Démian, -relaja bebé, relaja, que ya van a llegar- le decía. El tiempo se me hizo eterno y yo ya no podía aguantar, de pronto le dije a Marco -¡quiero pujar- Y él me dijo -escucha tu cuerpo, si quieres pujar, puja- y eso hice. Después de dar muchas vueltas por la sala, me detuve junto a un sillón, me quedé parada y de ahí no me moví, puje la primera vez, sentía como una fuerza interna hacía que mi vientre se contrajera de arriba hacia abajo, yo no decidía pujar, era él, era Démian que había decido nacer, me llevé la mano hacia abajo, pues sentía que si no lo hacia, Démian se caería cuando saliera. Pujé la segunda vez y me salió «algo» junto con la cabeza, ese algo era parte del saquito con líquido amniótico pues se sentía aguado, le pedí a Marco que se asomara a ver qué era y en ese instante le dije -agárralo porque ahí viene- y puje por tercera y última vez, Marco aventó el teléfono pues estaba hablando con Saskia.

En un abrir y cerrar de ojos Démian estaba en los brazos de Marco, con sus enormes ojos bien abiertos y viéndolo sin parpadear, su cuerpo estaba totalmente limpio, Marco lo vio, me vio y dijo -ya nació-, le dio la bienvenida con su primer regalo, su nombre, Démian. Marco lloró y lo abrazó e intentó dármelo pero cuando eso pasó, sentí que jalamos el cordón y le dije que no me lo diera, que esperáramos a Saskia y así fue, Marco se quedó con Démian mientras llorábamos de emoción y lo contemplaba, le acaricié la frente y lo llené de sangre, no podía creer que por fin Démian estaba con nosotros.

Sonó el timbre, era Saskia, yo seguía parada y Marco arrodillado, me dijo agárralo, me agaché para sostener a Démian y no jalar el cordón, Marco fue a abrirle a Saskia, ella entró, aventó sus cosas y corrió hacia nosotros, lo revisó e inmediatamente me lo dio para abrazarlo y nos explico -vas a volver a sentir las contracciones, viene el alumbramiento de la placenta-, llegó Ili, sólo escuché cuando Marco le dijo ya soy papá y se soltó a llorar.

Saskia me puso una bandeja entre las piernas, sentí ganas de pujar nuevamente y nació la placenta, ese órgano que mantuvo con vida a Démian dentro de mí, la revisó y dijo que todo estaba bien, hasta ese momento me recosté, porque toda la labor de parto estuve de pie. Le pedí a Marco que cargara a Démian y así fue, después me lo dio para amamantarlo pero no quiso, así que sólo lo mantuve en mi pecho mientras dejábamos que pasara toda la sangre del cordón y una vez que eso sucedió, Saskia inicio la quema de cordón umbilical con una mecha, Marco siguió con el proceso hasta que Démian y la placenta se separaron. Después de haber vivido la mejor experiencia de mi vida, con Démian en brazos y junto al mejor hombre del mundo, le dije -lo volvería a hacer mil veces.

Démian nació exactamente de treinta y nueve semanas, en la luna llena del diecisiete de noviembre de dos mil trece, peso 3,300 gramos, supimos que nació a las 6:15 de la mañana porque revisamos los registros de las llamadas entre Marco, Saskia e Ili y sacamos cuentas. No me percaté del momento en que inicié con la labor de parto, pues esperaba dolores insoportables que jamás llegaron, desde que decidimos tenerlo en casa, también tomamos la decisión de estar solos, es decir sin familiares, todo salió tan perfecto que el momento del nacimiento fue tan íntimo que sólo estuvimos los tres, Démian, Marco y yo, como en algún momento lo soñamos. Gracias Iliana, Adrián, Ian, Natalia y Saskia, por enseñarnos lo que es nacer bien, a Oscar y Jessica por encaminarnos a ello.

Evelyn Femat H.

Author: Evelyn

Mercadóloga de profesión, mamá de tiempo completo. Creo firmemente en el instinto, escribo lo que pienso, extremista y ácida de nacimiento, No hago publicaciones rosas. La revolución está en el nacimiento. evelyn@siguiendomiinstinto.com

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3 Comments

  1. Hola Evelyn, tengo 23 semanas y hare el curso con Iliana, te juro leyendo todo que escribiste me emocione muchisimo y me encantaría pasar por la misma experiencia, tener en la casa, es un regalo de Dios. Felicidades!!

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    • Hola Dariane, si lo deseas, estoy segura que lo vas a lograr, lo que te aconsejo es que confíes ciegamente en ti, que sigas tu instinto y si te puedo ayudar en algo, créeme que lo haré con gusto, felicitaciones por tu bebé, ¡estás por vivir la mejor experiencia de vida!

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  2. Saskia Vargas, mi partera, no solo no llego nunca, si no ke además nos mantuvo sin atención después de rota mi fuente. Pasamos más de 48 horas, 2 noches creyendo que todo estaba en orden según su asesoría y visita a la 24 horas de rota la bolsa. Al decirle que estábamos preocupados nos envio a otra partera que no tenía la menor idea de nuestro proceso previo, no traía equipo, no sabía que estábamos en emergencia, no sabia como llegar a nuestra casa. En esas condiciones perdimos casi todo el líquido y estuvimos en riesgo grave de infección. Tengo la suerte de haber llegado rápido al hospital y que me hicieran una cesárea emergencia. Posterior a eso pasamos el terremoto dentro del hospital mi bebé y yo en pisos separados por la atención a la infección.
    El edificio del hospital se fracturó, como pude llege al piso de neonatos. Pasado en temblor mudaron a todos los bebés a otro piso, estando en bata de recuperación y llena de sondas me nege a separarme de mi bebé. Afortunadamente estamos bien y en casa ahora, pero la irresponsabilidad de Saskia Vargas Partera pudo habernos llevado a una muerte terrible a mí y a mi bebé, ella no es capaz de observar una crisis ni de organizarse para atender a sus parturientas con la importancia que un nacimiento merece y por eso no es digna de enseñar la parteria.
    septiembre 2017 cdmx

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