La decisión personal no define el desarrollo de un parto

Cuando me embaracé de mi primer hijo, estaba muy emocionada y lo primero que me preguntó el médico fue si quería parto natural. Obvio contesté que si. Sin embargo, dentro de la consulta, él me dio varias indicaciones, sobre todo que si en el momento del parto tanto el bebé como yo corríamos algún tipo de riesgo, iba a hacer todo lo posible por ayudar para evitar complicaciones posteriores.

Durante el primer trimestre tuve algunas molestias muy comunes, sobre todo náuseas, las cuales se pasaban en cuanto tomaba alimento. Lo curioso de todo es que lo que yo cocinaba no me lo comía, porque el hecho de oler los ingredientes crudos y durante el proceso de cocción me daba mucho asco, así que evitaba comer ese día lo que cocinaba.

Pasado el primer trimestre, los malestares desaparecieron y tuve un embarazo muy feliz, ya que no padecí de salud.

Cercano al término, empezaron otros malestares: no podía tomar café porque me originaba acidez y conforme se acercaba la fecha, cualquier alimento me lo provocaba, así que mientras esperaba la fecha dejé de tomar algunos alimentos.

Llegada la fecha, empecé en la noche con algunas molestias parecidas al cólico y se desprendió el tapón mucoso, por lo que tuve manchones de sangre. Avisamos al médico y me dijo que lo tomara con calma, que me bañara tranquila y que mientras no se rompiera la fuente, teníamos tiempo suficiente.

Lo que yo creí eran cólicos fueron en aumento y frecuencia, entonces deduje que ya eran contracciones. Salimos rumbo al hospital ya con dolor de contracciones, que eran frecuentes.

Fue un verdadero suplicio la admisión, puesto que hasta que no se llenaran los papeles propiamente no podían ingresarme y yo ya padecía de dolores más intensos.

Por fin entramos a la sala de parto, la previa, y me colocaron un monitor fetal. El médico llegó, me revisó y en ese momento me dio la noticia de que tenía solo un centímetro de dilatación, que faltaba mucho y, concediéndome el deseo de parto natural, me dijo que tenía que soportar los dolores y tener paciencia.

Traté de dormir, pero fue casi imposible. Las contracciones aumentaron en frecuencia e intensidad y aproximadamente a las 8:00 de la mañana, el médico me revisa y me dice que sigo sin dilatar, exactamente igual que cuando llegué. Me recordó que si notaba algún riesgo me avisaría y tomaría la decisión a favor del bebé y yo.

Hacia las 11:00 seguía igual, apenas 2 centímetros y con dolor en las contracciones. Sin embargo, el médico percibió en el monitor fetal algunas diferencias y me dijo que iba a pasarme a quirófano porque el bebé podía comenzar con sufrimiento fetal y eso iba a complicar todo. Así que me prepararon para cesárea, aunque ya me habían preparado para parto natural.

Una vez dentro del quirófano, mi bebé nació a los 20 minutos: sano, grande y fuerte, con 3.5 kg de peso y 50 cm de largo.

Como había estado mucho tiempo apoyado en la pelvis, el lado izquierdo de su carita estaba muy hinchada, así que me lo presentaron del otro lado, le di un beso y se lo llevaron a bañar.
Ya no lo vi hasta el día siguiente, que fue cuando yo ya estaba completamente recuperada de la anestesia. Me lo llevaron para darle de comer, lo mas importante era que yo aprendiera a darle pecho.

Al inicio fue fácil, pero la irritación en los pezones empezó a doler, una circunstancia que ya la tenía contemplada porque ya me habían advertido. Aún así, me armé de valor y seguí con la lactancia. Me sangraron los pezones y salieron costras, pero como magia, a los ocho días se me habían caído y a partir de ese momento la lactancia fue muy placentera.

He de mencionar que me atendí en hospital privado, el cual tenía enfermeras capacitadas para dar capacitación en la lactancia. Pero de quien aprendí la mejor técnica fue del pediatra. En realidad, él fue quién me enseñó como amamantar a mi niño, que al principio me costó trabajo. Estando en su consulta porque ya empezaba a tener evacuaciones verdosas, debido a la falta de alimento, me pidió que le enseñara cómo lo hacía y ahí empezó la verdadera capacitación. Se dio cuenta que la boca de mi niño no abarcaba todo el pezón, que se quedaba dormido a media toma, lo cual yo evitaba haciéndole cosquillas en los pies, y que era la libre demanda lo que estaba en primer lugar. Ya tenía tres semanas con mi chiquillo y lloraba en las noches porque no podía dormir, de frío y a veces de hambre.

Durante esa consulta me dijo que tenía que darle fórmula porque todo indicaba que mi leche no era suficiente. Sin embargo, bastó esa consulta para aprender lo que me hacía falta para que la lactancia fuera exitosa. Me recetó la fórmula de todas formas y me indicó que tenía que combinar la toma de pecho con el biberón.

Costó trabajo que empezara con la fórmula, pero ya que lo hizo todo fue más fácil. Había días que yo no salía y le daba pecho durante todo el día, lo que me ayudó a entender que la frecuencia con la que se lacta al crío es lo que ayudaba a que la leche fuera más abundante y rica. Llegué a alimentarlo con tanto éxito que había días en que tenía que usar el tiraleche porque producía demasiada. Después de lactar a mi chiquillo, había días que llenaba un biberón de 7 oz, así de abundante fue.

Empezó a ablactar a los tres meses y fue relativamente fácil. Al año, mi chamaco ya comía de todo y sólo tomaba leche dos veces al día: por la mañana y por la noche.

Fue toda una experiencia, y tan bonita que con mi segundo bebé, todo fue mucho más fácil.

Cuando nació mi nena, ya sabia lo que tenía que hacer con la lactancia y todo lo demás. Pero curiosamente, ella sabía muy bien lo que tenía que hacer porque no me costó nada de trabajo amamantarla. A ella nunca le di fórmula y dejó el pecho pasando el año, a los dos meses.

Desafortunadamente, con una cesárea previa, el médico me indicó que no podía ser parto natural y tampoco llegar a término. Mi niña fue cesárea programada desde el inicio del embarazo.

Las condiciones de no poder alumbrar con parto natural fueron que mi pelvis es muy estrecha, además de que la dilatación era muy poca. La distensión del útero con una cicatriz previa de cesárea era muy riesgosa, por eso la programación previa de la cirugía.

A pesar de mi deseo, he de constatar que me fue muy bien con las dos cesáreas. No tuve ninguna complicación con ninguna de ellas, me sentí muy bien, volví a mi vida habitual después de 8 días, lo indicado después de quitar puntos. No tuve infecciones, ni dolor. Ya estaba preparada con mi segundo bebé y fue más fácil la crianza del primer año. Lo demás, conforme se daba la ocasión.

Ahora mi niño tiene 14 años y es sano y fuerte. Mi nena tiene 11 años y es muy sana también. Ambos han tenido sus dosis de experiencia y frustración conforme han ido creciendo y madurando y puedo decir que, hasta ahora, han superado muy bien todos los obstáculos.
Me siento plenamente orgullosa de ambos.

Amanda Téllez.
teschama@gmail.com

Author: Staff

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.