Camino a la meta

Antes que nada debo decir que a lo largo de mi vida el deporte y la práctica física han sido actividades que me han acompañado e incluso definido en cada momento y esta etapa no fue la excepción pues viví mi embarazo como una especia de preparación para la más satisfactoria competencia de mi vida, el parto.

En realidad creo que el éxito de mi parto inició en el momento que elegí a mi doctora (Elizabeth Valencia), quien en todo momento me guío en este proceso solo ayudándome a vivir el momento sin ser presa de mis miedos y mis obsesiones.

La verdad desde que supe que estaba embrazada quise un parto profiláctico, en realidad ni siquiera conocía todos los beneficios para mí y mi bebe de esta decisión, mi miedo a la anestesia y sus consecuencias me llevaron a decidir las condiciones de mi parto antes que todo lo demás; y así mi esposo y yo nos adentramos en el viaje. La recomendación de mi doctora fue clara si quieres un parto sin bloqueo debes tomar un curso que te dé una idea de la experiencia a la que te vas a enfrentar. Así que después de 8 meses de continuar con mi práctica física y 9 sesiones de las 12 correspondientes del curso inicio mi historia.

Cabe decir que mi fecha de parto era entre el 12 y el 15 de enero, pero de alguna forma siempre sentí que mi guerrero se adelantaría. Así que fue un 5 de enero que desperté con contracciones esporádicas, dolorosas, eran distintas a las que había tenido días antes; pero como buena obsesiva sabía que debía ir a realizar mi caminata matutina (30 minutos), además ya había leído que si era parto esto ayudaría a disminuir el tiempo de dilatación, así que me puse mis tenis y a caminar, recuerdo que cada que venía una contracción hacía una pausa y luego continuaba. Regresamos a casa y como me sentía bien mi pareja se fue a trabajar, al poco rato recibo la llamada de mi suegra avisándome que irían a casa a partir la tradicional rosca de reyes, mi cabeza lo único que pensó fue debe arreglar un poco, además si nace el bebe se va a quedar todo tirado; jejeje…… Así que como las contracciones se fueron me puse a limpiar la casa hasta que llego mi mamá, quien me decía -¿y cómo vas te duele?- y yo – no mamá yo creo que hoy no será -.

A eso de las 6 de la tarde degustando un rico pedazo de pan con chocolate y jugando con mi sobrina, me dio una contracción más larga y más dolorosa, fue ahí en donde empecé a sentir que era el momento, llame a mi esposo y proseguí a disfrutar la velada anotando el ritmo y haciendo gestos cuando se presentaba otra. Alrededor de las 8:30 de la noche y no sin antes hacer su respectiva quiniela se retiraron todos excepto mi mamá, fue entonces que le mandamos a la doctora el reporte de las contracciones. Ella respondió date un baño caliente y si puedes dormir no era parto jejeje….

Así que tome una ducha y estuve largo tiempo bajo el agua pues las contracciones se incrementaban en número e intensidad y ahí cuando buscaba que el agua tibia callera sobre mi espalda sentí como mi bebe empezó a acomodarse, nunca se había movido tanto ni con tanta fuerza, salí del baño aproximadamente a las 10:30 y como las contracciones eran más intensas mi esposo decidió llamar a la doctora quien nos citó en el hospital a la 1 am, para revisión. Yo sabía que en adelante podía ser más doloroso, pero también tenía clara la meta, así que ponía en práctica las respiraciones aprendidas en el curso mientras divagaba por mi casa buscando un lugar cómodo y viendo a mi pareja ir de aquí para allá alistando todo para ir al hospital. Como el hospital que elegimos quedaba a 40 minutos en auto, teníamos que tomar previsiones. A las 12:30 am mi esposo dice ya vámonos y yo debía esperar a que pasara la contracción para poder caminar hacia el auto y una vez en la puerta con todo listo me dice – espera tengo que ir al baño -, yo solo pensé ¿es enserio? ¡Ahorita! Y pues después de circo maroma y teatro logramos llegar al auto, recuerdo que yo solo pensaba puedo hacerlo, si puedo. Llegamos al hospital a la 1:30, lo tengo claro porque el vallet parking tardo horas en despertarse y llamar al camillero, digo a quien se le ocurre parir a estas horas ¿no? Y luego que tal el camillero que pretendía llevarme en silla de ruedas a través de 6 o 7 metros de adoquín en pleno trabajo de parto. Bueno es aquí cuando ser perspicaz tiene sus frutos y mejor camine hasta suelo liso, la doctora de guardia me pidió que me colocara en la mesa para revisar mi nivel de dilatación ella muy tranquila, creó que solo pensaba es primeriza, vamos con calma; lo mejor fue su cara cuando se dio cuenta que ya tenía 9 cm de dilatación  y entonces si comenzó la corredera, creo que en ese momento ella estaba más preocupada que yo, solo gritaba – no vaya a pujar señora, camillero rápido a la sala de parto en agua, que comiencen a llenar la tina, todos rápido -. Llegamos ahí y el dolor era igual de intenso que en la casa, pero más constante. Así que le pedí a mi esposo que me metiera a la regadera, a lo que la doctora de guardia contesto – sí pero que no puje, dígale que no puje -. Recuerdo que el sentir el agua caliente sobre mi espalda me ayudo, luego al entrar a la tina y una vez con mi doctora presente me relaje tanto que las contracciones se hicieron prácticamente indoloras, quizás también porque de alguna manera sabía que el nacimiento de mi bebe se acercaba. La doctora me indico que cuando yo sintiera la necesidad pujara, mi esposo y yo habíamos platicado que me saldría del agua a la hora del expulsivo, pero la verdad es que me sentí tan bien ahí adentro que ya no me quise salir y escuche a mi cuerpo, cuando el me lo indico empecé a pujar, después de dos intentos comencé a desesperarme y exclame – ¡es que no puedo!-, a lo que la doctora me contesto – sí, si puedes, vas a sentir un intenso ardor y te van a dar ganas de dejar de pujar, pero debes seguir – y esa fue toda su intervención. A la siguiente contracción mi esposo me recordó lo que tanto habíamos ensayado en el curso, estuvo ahí en mi oído como si fuera mi conciencia, alentándome e indicándome que debía hacer cual buen coach que es y una vez que tuve claridad para poner en práctica el trabajo expulsivo que me indico la profesora del curso, después de solo tres intentos a las 2:15 am del 6 de enero llego mi regalo de reyes, mi guerrero Uxbal quien paro de llorar cuando sintió el calorcito de mamá ahí en la tina y todavía unido a mí por el cordón, estuvimos así, mirándonos hasta que se me ocurrió preguntar como buena mamá preocupona – ¿no lo van a revisar?-, fue entonces que su papá corto del cordón y también cuando nos dimos cuenta que no teníamos ropa jejejej…. Pues el auto se fue con las maletas al estacionamiento y mi esposo olvido todo, así que después de revisarlo y medirlo ahí nos quedamos acurrucados los dos cubiertos con las sabanas del hospital, unos minutos después lo acerque a mi pecho y el sin más que el glorioso instinto empezó a mamar, fue justo el momento en el que sentí que todo había cambiado para mí. Ahora después de todo lo vivido estaba ahí, habíamos pasado la prueba juntos, los tres, como equipo, cada uno hizo su parte para que todo saliera bien. No esta demás  decir que el final tan feliz de esta experiencia concluyo con el alojamiento compartido que permitió que mi bebe y yo estuviéramos juntos a cada momento. Esta es mi historia, creo que al final si obtuve mi medalla de oro……

Quitze

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Author: Staff

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